lunes, 3 de febrero de 2014

VOLVER A JUGAR en DOCUMENTOS TV RTVE

En tan sólo una generación, los occidentales habrán pasado más tiempo en el mundo virtual que en la naturaleza. Estadísticas escalofriantes lo demuestran: los niños permanecen un 90% del tiempo en espacios cerrados.


“Durante el día, envío trescientos o cuatrocientos mensajes” o “no puedo imaginarme sin el teléfono, me sentiría sola” son sólo algunos testimonios de dos de los jóvenes que aparecen en “Vuelve a jugar”


La vida encerrada

Este documental explora en la vida encerrada de seis adolescentes estadounidenses, adictos a los dispositivos electrónicos y las consecuencias que conlleva pasar más horas en la realidad virtual que en la real. 
Los expertos advierten de que estamos produciendo un mundo de personas desconectadas de la vida natural y que esto tiene un impacto muy profundo sobre lo que somos y en lo que nos convertiremos.

Descubriendo la naturaleza

“Vuelve a jugar” saca literalmente de sus casas a estos chicos y los lleva a vivir su primera experiencia en la naturaleza. Descubren que allí fuera pueden divertirse con otro tipo de actividades, que no están solos y que podrán comunicarse con otros seres vivos, además de con esas personas virtuales, con las que hasta entonces únicamente se relacionaban. Todo ello, sin electricidad, sin cobertura y sin pantallas.
Construyen cabañas, nadan, caminan por el monte, pasan veladas junto al fuego y hasta les pican los mosquitos. Ninguno de ellos había tenido una aventura de este tipo y pocos se imaginaban que podían salir de casa y hacer cosas divertidas.

Este tipo de programas educativos han sido inspirados por la creciente adicción de los jóvenes a las tecnologías. La influencia del mundo virtual en sí misma no tiene por qué ser negativa. El problema radica en que se convierta en el marco en el que los jóvenes experimenten toda su vida.
Esta y otras reflexiones se relatan en este interesante documental, donde se aprecia claramente la fractura entre generaciones, al ver a los chicos sorprenderse ante un árbol o frente la brisa, a la orilla del río.